viernes 20 de junio de 2008

Cita del día

Cita del Día
Venerable Edel Quinn
Sufrir por amor de Nuestro Señor es mi mayor alegría

jueves 19 de junio de 2008

Allocutio y Boletín, mayo 2008 La Legión y la Santísima Trinidad

Allocutio
Por el Fraile Bede Mc Gregor
Director Espiritual
del Concilium
Dublín- Irlanda
La Legión y la Santísima Trinidad

El Domingo de la Santísima Trinidad, inevitablemente remite a ese profundo y hermoso capítulo del Manual sobre el legionario y la Santísima Trinidad. Como buenos católicos vivimos y amamos el misterio de la Santísima Trinidad y tratamos de entenderlo con la búsqueda de imágenes y analogías para explicarlo en la medida humanamente posible. Nosotros hacemos el signo de la cruz tantas veces durante nuestras reuniones de la Legión. Y por supuesto nos bendecimos a nosotros mismos con el signo de la cruz durante el día. Se trata de un simple recordatorio de las verdades centrales de nuestra fe, el misterio de la Trinidad, la Encarnación, y la Redención. En el nombre del Padre, recordamos que el amor del Padre nos envía a su Hijo entre nosotros para vivir y morir por nosotros. En el nombre del Hijo para recordarnos que Dios proclama que a través de Él nos ama personal, infinita y apasionadamente. El Hijo nos lo afirma y proclama con su pasión y muerte porque somos infinitamente amados, y por cada uno de nosotros vale la pena morir. Y, por consiguiente, que el trabajo de nuestra redención y santificación es un don del poder del Espíritu Santo. Él es el amor personal entre el Padre y el Hijo y el corazón que late detrás de toda la creación y, sobre todo, de nuestra personal y humana existencia.

Recientemente, hice mi primera peregrinación a Lourdes con un numeroso grupo de Legionarios y tomamos tiempo para meditar muy cuidadosamente sobre lo que Nuestra Señora hizo y dijo en Lourdes. En la primera aparición a Bernadette, ella le enseñó, cómo realmente se hace el signo de la cruz y ellos hacen el signo de la cruz antes de cada una de las apariciones. La vida de María, en la tierra y ahora en el cielo está totalmente inmersa en la vida interior de la Santísima Trinidad y ella realmente quiere que nosotros vivamos en este mismo reino de vida. El capítulo en el Manual sobre los Legionarios y la Trinidad tiene por objeto formar en nosotros el mismo mensaje de la Virgen de Lourdes.

Me encantaría que acabarte de leer el capítulo entero en voz alta, pero el tiempo nos lo impide. Así que me limitaré a citar a San Luis María de Montfort, tal como figura en el Manual: "Vamos a recordar aquí, como una prueba de la dependencia que debiéramos de tener con la Santísima Virgen, el ejemplo que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, están en total dependencia. El Padre nos ha dado y nos sigue dando a su Hijo, por medio de ella. Él no tiene hijos, sino por ella, y nos comunica sus gracias y virtudes, solo por ella. Dios Hijo, ha sido formado y ha surgido solo por ella, en la unión con el Espíritu Santo; tampoco nos comunicará sus méritos y sus virtudes, salvo por ella. El Espíritu Santo ha formado a Jesucristo en ella, y también lo forma en los miembros de su Cuerpo Místico, salvo por ella y a través de ella solamente dispensa sus favores y sus dones. Después de tantos y tan significativos ejemplos de la Santísima Trinidad, sería una ceguera extrema, si nosotros mismos prescindiéramos de María, y no nos consagramos a ella, y dependemos de ella? (St. Louis - Marie de Montfort: Verdadero Tratado sobre la Devoción, Par. 140).

Recientemente, releí una vez más, sobre Edel Quinn. Y he tomado nota de que sus dos citas favoritas del Nuevo Testamento, las que son: "Dios es Amor" de San Juan y 'En Él vivimos, nos movemos y existimos" de San Pablo. Si ponemos estos dos textos juntos, tenemos una magnífica y hermosa base para una sana vida interior. Edel amaba reflexionar sobre el hecho de que moramos en el corazón de Dios y Él es el Amor infinito. Lo Central en su vida de oración fue el misterio de la habitación de la Trinidad en su corazón. Ella habitualmente atesoraba esta presencia de Dios dentro de sí misma, por la gracia de Dios, incluso en medio de una vida agitada de reuniones y corresponsalías y los interminables contactos personales. En sus retiros se observa esa resolución una y otra vez: «Probemos adorar a la Santísima Trinidad en nuestra alma, aun en medio de los problemas externos u oficios de la vida." O escribe de nuevo: «Para estar con él en unión con María - sólo Él ama mi alma durante el día, durante el viaje, uniendo mis acciones con las acciones realizadas por él, mientras estoy en la tierra '. Creo que Dios ha dado el don a Edel en la Legión, para recordarnos la primacía de la contemplación en el apostolado seglar, nos invita a nosotros a formar el hábito de vivir el misterio de la habitación de la Trinidad dentro de nosotros. Debemos practicar la presencia de Dios, si queremos ser verdaderamente apóstoles laicos. Sin esta práctica podemos fácilmente convertirnos en superficiales en nuestra vida y participar en una mera vanidad en el apostolado. Me permito recomendar a usted el folleto de Fr. Anselmo Moynihan el ex vice-postulador de la Causa de Edel titulado: «Edel Quinn: Una vida en la Trinidad».

Hoy en día en la Fiesta de la Santísima Trinidad, que tiene lugar este año en el mes de mayo, vamos a pedirle a nuestra Madre María, por este regalo de una gran devoción a la habitación trinitaria. Nunca dejarla de pedir porque en realidad es el secreto de María y de todos los santos, y es el secreto de todo Apostolado legionario.
Boletín Concilium
Informes
Asia
Comitium de Hong Kong: Se informó sobre multitud de trabajos de contactos callejeros, escuelas dominicales, enseñanza del catecismo, encuentros con personas de otras creencias y el aprendizaje a distancia del Catecismo, y las visitas de seguimiento a la cárcel.

Senatus de Singapur: La Curia Juvenil informó que dan charlas en las escuelas primarias y organizan un campamento de la Legión, mientras que la Curia de adultos organiza reuniones de Patricios, se hace contacto con los estudiantes y está en marcha una librería ambulante. Tres miembros del Senatus fueron a un mini Peregrinatio a Macao en octubre.
Malasia
Regia de Kuala Lumpur:
además de los habituales trabajos de visitas al hospital y a los hogares, organizan el Rito de Iniciación Cristiana de Adultos (RCIA), visitan a pacientes de SIDA y enfermos de lepra, hacen visitas a la cárcel, visitan las personas con discapacidad y cocinan para las personas sin hogar. Estos trabajos legionarios se realizan haciendo uso de los idiomas chino, tamil, filipino, Inglés y Malawi.
Japón
Senatus de Osaka: Se ha prestado mucha atención a los Mártires de Nagasaki. Un Praesidium sigue funcionando con sus miembros desde que se fundó en 1954.

Senatus de Taiwán: Veinticinco personas fueron recibidas en la Iglesia como resultado del trabajo de los legionarios de una Curia y 6 personas de otra Curia.
Corea
Senatus de Seúl: Dos Comitia con un total de 526 Praesidia reclutan 11.308 catecúmenos de los cuales 1.319 fueron bautizados. El Senatus tiene 7 Regiae afiliadas, una en cada una de las 7 Diócesis.

Senatus de Gwangju: La Regia de Masan tiene 11.934 miembros, invitaron a 5,006 personas a la Iglesia. Un Comitium aumentó su membresía en 161.

Senatus de Daegu: Todos los consejos informaron del reclutamiento de catecúmenos en número variable de 6 a 84. Se informó de Bautizos de 2 a 12 personas, mientras que los regresos a los Sacramentos fueron de 2 a 115. En muchos informes figuran las visitas a los hospitales y a las instituciones de asistencia social. Regia de Andong cuenta con un total de 2.876 miembros activos.

Indonesia
Senatus de Yakarta:
Los informes muestran una gran variedad de trabajos realizados que incluyen: la enseñanza a los discapacitados, a los niños de la calle y a los catecúmenos. Se organizó un seminario para enseñar la Fe. Visitan y ayudan a los Consejos y a los Praesidia débiles. 1.250 legionarios asistieron a una Misa anual el 8 de Septiembre.

Senatus de Malang: 150 legionarios asistieron a un retiro organizado por un Comitium. El mismo Comitium está organizando una conferencia para jóvenes legionarios.

Tailandia
El Cardenal Arzobispo de Bangkok asistió al Acies. Un Comitium informó de 2 Curiae y 14 praesidia directamente afiliados 51 provisionales. Los católicos que viven en zonas alejadas, las familias con los niños no-bautizados, los huérfanos y las personas con discapacidad son visitados, los miembros ayudan en clínicas móviles, visitan los enfermos extranjeros en el hospital y la vida de Edel Quinn se está leyendo y explicando a los jóvenes en las escuelas.

Sri Lanka Debido a los esfuerzos incansables de un dedicado Director Espiritual, el número de Praesidia de un Comitium pasó de 18 a 30. Un Praesidium se preocupa por los niños indigentes de un orfanato. Un ex alumno se encuentra ahora en su segundo año en el seminario. En una diócesis que está compuesta en su mayoría por no católicos, 6 praesidia están trabajando con esmero. La Curia juvenil de Colombo tiene 6 praesidia en las escuelas y en 5 parroquias, 75 activos y 100 miembros auxiliares. Los miembros trajeron a 348 a misa todos los días y organizaron una procesión en Mayo. Las escuelas se están visitando, a pesar de la «mala situación» en el país. Otro Comitium creó 12 praesidia de adultos y 3 juveniles.

Myanmar Este informe abarca un período de 3 meses antes del ciclón, que golpeó al país. Entre 30 y 50 asistieron a las reuniones del Senatus. Los trabajos incluyen las visitas a hogares y hospitales, el sacerdote acompaña a los enfermos y piden Entronización del Sagrado Corazón en los hogares.

India
Regia de Karnataka: Dos Praesidia se fundaron en una parroquia, uno con 25 y el otro con 22 miembros. La Curia que presentó el informe en febrero tiene 6 Praesidia con 115 activos, 4.500 auxiliares y 6 miembros adjutores. La Regia en sí consta de 5 Comitia, 6 Curiae distantes y 11 Curiae cercanas y 7 Praesidia directamente afiliados. Cuenta con un total de 8.460 adultos y 1.200 miembros juveniles activos, 3.285 auxiliares, 980 adjutores, y 950 miembros pretorianos.

Regia de Madrás: Las Actas son muy informativas y dan excelente detalle en los informes presentados y las observaciones formuladas relativas a los informes. Los temas que requieren examen se dejan en consideración y regresan a una sesión posterior para la adopción de decisiones. La extensión continúa en toda la zona de la Regia y los informes de los consejos se llevan a la Arquidiócesis de Madurai. En visitas a hogares y hospitales a católicos, hindúes y musulmanes, así como otros que se encuentren. En la zona del Comitium de Kottar tiene 25 Curiae de adultos y 13 Praesidia directamente afiliados con un total de 7.514. La Regia sugirió que se establezcan más Comitia. Proyectos de Exploratio Dominicalis y Mini Peregrinatio se realizan y en su allocutio el Director Espiritual elogió a sus fieles por llevar el alma de un infiel a la Iglesia. Todos los consejos se están animando a organizar las celebraciones en el marco del centenario de la Venerable Edel Quinn.

Mongolia las actas se recibieron ahora en Corea.

Pakistán:
Es otro consejo, que envía las actas con información a la corresponsal retratando el verdadero espíritu de la Legión. El Praesidium Juvenil Nuestra Señora de la Esperanza presentó su primer informe con 16 miembros y un 90% de asistencia. Gran asistencia se da a nivel parroquial, y las personas son reclutadas para hacer la Adoración al Santísimo Sacramento y al rezo del Santo Rosario y ayudan a los miembros adultos. La Curia elogió a un Praesidium por la excelente formación que se le está dando a los miembros del Praesidium. Un Praesidium adulto con 7 miembros tiene un 85% de asistencia. Dictan clases de Biblia para 200 niños de edades comprendidas entre los 4 y 14 años, los niños son preparados para la Santa Comunión y Confirmación. El Praesidium Juvenil afiliado cuenta con 34 miembros con edades de 10 años y más. Por el apoyo que eventualmente les da un adulto las 3 praesidia de habla Urdu de la parroquia. Efectúan un programa de sensibilización sobre el SIDA para los feligreses, disponen de revisiones médicas para los niños sin hogar incluidos los que tienen cataratas y deficiencia de hierro. Los esfuerzos de Extensión dieron como resultado el re-inicio de un Praesidium. Con su Excelencia el Arzobispo Evarist Pinto concelebraron en bilingüe (Inglés y Urdu) la Misa con 5 sacerdotes y el Acies en la que predicó sobre el tema de 'Nosotros nunca podemos hacer caso omiso de la cruz, es el centro de nuestra fe. “Elogió la labor de los legionarios y su lealtad a la Santísima Virgen.

Centroamérica

Honduras
Senatus de Tegucigalpa: la Curia Asunción, realiza: Visitas a las cárceles y trabajan con los jóvenes.

Guatemala
Comitium de Camotan:
14 niños fueron bautizados. Numerosas parejas recibieron el sacramento del Matrimonio, y además informan sobre la recepción de la Primera Comunión y Confirmación. Los legionarios juveniles, visitan a los enfermos y ancianos, haciendo algunas tareas domésticas para ellos. Los Praesidia realizaron Exploratio Dominicalis y varios nuevos praesidia fueron creados.

Nicaragua
La Regia de Managua: Los Legionarios evangelizan en los parques donde se reúnen con los jóvenes. También hacen contactos callejeros en los autobuses, en el mercado y con "las niñas de la esquina". El Rosario se reza en las casas, y los enfermos son visitados con el sacerdote y los ministros extraordinarios de la Eucaristía. La Extensión se está realizando.

Belice:
Los miembros de la Curia de Belice visitan los hogares y también a pacientes enfermos terminales de cáncer. Ellos están promoviendo activamente el Rosario. Un presidium tiene una campaña del Rosario por manzanas, 30 familias en cada una de ellas, y el Rosario se rezó todos los días. Un miembro de la Curia, se trasladó a la Isla de San Pedro, donde el párroco conocía la Legión, un Praesidium de 9 miembros, se inició en marzo.

El Salvador
Senatus de San Salvador: Una Curia juvenil, de 15 Praesidia tiene tres nuevos Praesidia y 5 nuevos de adultos. Se informó de que los trabajos realizados fueron 227 Primeras Comuniones, 172 Confirmaciones y 29 Matrimonios. En el Comitium de San Miguel, un Praesidium tiene un solo miembro literal; está haciendo una gran labor con una señora Testigo de Jehová y su hijo que están recibiendo instrucción. Muchos de los contactados han vuelto a la recepción de los sacramentos, algunos justo antes de la muerte.

La Regia de San Vicente informa que hay un Praesidium en la cárcel, 1 adulto y 19 niños, recibieron la Primera Comunión y ahora ese adulto es legionario. La Curia juvenil tiene 7 Praesidia y 70 miembros activos. En la visita a hogares resultaron 6 regresos a los sacramentos y 21 regresos a la práctica de su fe.

La Regia de Santa Ana tiene un gran número de regresos a la fe y conversiones. Un Praesidium juvenil se creó. Cuatro Praesidia de jóvenes de Chalatenango trabajan en un área muy difícil y con el fin de ser puntuales al concurrir a la reunión, duermen en lugares cercanos.

Méjico
Senatus de Ciudad de Méjico: Los legionarios efectúan diversos trabajos legionarios, contactos en la calle se hace regularmente, también los contactos en los autobuses, trenes y taxis. Las madres de los niños, asisten a clases de catecismo, también son preparados para los Sacramentos. Los padrinos reciben instrucciones antes del Bautismo de los bebés. La extensión consigue, nuevos legionarios que se han reclutado. Muchos han regresado a la práctica de la fe.

Senatus de Mérida:
Todos los Praesidia hacen visitas a hogares cada semana. Los informes de los Consejos afiliados muestran que todos están avanzando en extensión especialmente de praesidia juveniles. De 1500 personas contactadas, 83 se han unido a la Legión y 31 han perseverado. El Director Espiritual en su allocutio dice que nuestro trabajo no tendrá éxito si no hay fuego en nuestra oración. Una curia afiliada informó de que en base a las visitas de hogares indica que la mitad de 3.000 familias se sumaron a otra secta. El sacramento de la Confesión se estimula en las visitas y un folleto explicando la Eucaristía se distribuye.

Regia de Monterrey: Un Comitium afiliado informa una Curia juvenil con 18 Praesidia afiliados. Muchos jóvenes están involucrados en la enseñanza del Catecismo a los niños. Un Praesidium completo se transformó al rango de adultos. Se elevó a la Curia de adultos a Comitium. Un Praesidium afiliado informa el regreso de toda una familia a la Iglesia. Una Curia hace hincapié en la confesión a aquellos en los contactos.

Regia de León: Un Comitium afiliado informó que los contactos en la calle se realizan por muchos Praesidia afiliados. También visitan la cárcel y un buen número de presos han recibido los sacramentos después de muchos años. Un buen número de adictos a las drogas se han alentado a entrar en rehabilitación. Un Comitium afiliado de un área rural informó que visitan a todas las personas de todas las diferentes comunidades. Los legionarios gastan de 2-3 horas de caminata desde y hacia esas comunidades, pero su visita es el único contacto católico, que la gente tiene con regularidad.

Regia de Acapulco: La nueva Regia, está funcionando bien. Un Comitium se ha creado recientemente en la zona Regia. La mayoría de los Praesidia tienen más de diez miembros. La visita a la Cárcel se realiza a gran escala. Hay una serie de Praesidia en las cárceles también. Los trabajos incluyen la enseñanza del catecismo a los niños de la calle y de la escuela regular actual con los niños. Un Praesidium organizó la realización de 15 matrimonios. Es cierto que la devoción a la Nación es prominente, entre los aspectos más destacados son la supervisión de la limpieza de plazas públicas y ayudar con los sistemas de drenaje. La extensión está avanzando en dos diócesis donde la Legión es débil o inexistente. Regia de Durango: La nueva Regia está progresando lentamente, se están adoptando medidas para garantizar que todos en la Legión están trabajando en parejas.
África
Regia de Benín Cotonú: Mejoramiento de la enseñanza religiosa para los catecúmenos, mediante la organización de más clases de catecismo es una prioridad de esta Regia. Los Contactos en la Calle se han añadido a las visitas de los hogares y los hospitales como medio de aumentar el acceso a quienes están dispuestos a servirse de la instrucción religiosa para su recepción en la Iglesia Católica. La división de un Praesidium de la Curia juvenil eleva el número total de seis con 130 miembros. Dos grupos conocidos como Clubes de Frank Duff atienden las necesidades de los niños más pequeños. Dos grupos de Patricios mantienen reuniones periódicas.

Congo
Regia de Brazzaville: El trabajo apostólico dentro de la Regia es bueno, que consiste en las visitas a hogares, hospitales y orfanatos, ponerse en contacto con los católicos, protestantes, paganos, musulmanes, muchos de los cuales se les dio la instrucción religiosa y se prepararon para el Bautismo y otros Sacramentos. Las Celebraciones para orar por la Causa del Siervo de Dios Frank Duff se han organizado.
Costa de Marfil
Comitium de Abidján: se solicita La autorización para tener en francés Manuales impresos por las Hermanas de la Congregación de San Pablo.

Comitium de Bata: La Medalla Milagrosa se promueve durante el trabajo de la Legión y un Triduo se organizó para el día de la Fiesta. Algunas de las Curiae afiliadas son rurales y muy alejadas. Recientemente gastaron dos legionarios 4 días visitando una Curia y hay una Curia juvenil afiliada.
Camerún
Zona de Bertoua cuenta con 3 Comitia y muchos Curiae con un total de más de 2.000 legionarios activos. El 60 º aniversario de la fundación de la Legión se está celebrando este año.

Peregrinatio Pro
Christo Los proyectos de Verano se iniciaron el 17 de Mayo cuando un equipo de 10, incluido Fr. Séamus Donohue, OFM de Ennis establecidos en la parroquia de San José de Lancashire. A partir de ahora los equipos se desplazarán cada semana a las parroquias de Inglaterra y Escocia hasta el proyecto de final de año del 6 al 13 de septiembre.

Un pequeño número de voluntarios irlandeses se han presentado para el extranjero están organizando proyectos a Glasgow, Liverpool y Birmingham. Escocia tiene ahora un equipo completo para su proyecto en Finlandia.

Desde la última reunión del Concilium hemos tenido una conferencia regional en Roscrea. Se celebró en la abadía cisterciense, y hubo una asistencia de casi 70 desde las zonas circundantes. Estamos muy agradecidos a los dos Curiae, Dundalk Birr y / Roscrea, ambas de las cuales acogió con gran éxito las Conferencias Regionales de este año.

Trabajos de extensión para la Argentina

Edel García y Laura Rodríguez se reunieron con el P. Carlos Ponza están trabajando ahora en la ciudad de Córdoba. Tuvieron una reunión con el sacerdote a cargo de los distintos movimientos laicos. Dijo que desearía que la Legión de María participe en más eventos de Iglesia. Él está muy ansioso de que las dos legionarias trabajen con los jóvenes, pero siempre con el apoyo de los legionarios adultos.

En una de las dos parroquias donde están trabajando, hay un Praesidium de 8 miembros, que fue creado por Alfie Lambe. Ellas asisten a los a las reuniones de los Praesidia y trabajan con los legionarios para alentarlos a iniciar nuevas obras. Después de la Misa se habla a los feligreses acerca de la Legión y les invitan al Praesidium. En una parroquia cerca a la Universidad tienen permiso para hablar en las Misas y un ex legionario se ha comprometido a reunirse.

Se reunieron un sacerdote carmelita polaco, P. Ladislao, que fue Director Espiritual en Burundi durante 12 años. El orador invitó a Edel y Laura a intervenir en las misas de su parroquia con el fin de reclutar jóvenes para los Praesidia en su parroquia. Edel y Laura nos piden mantenerlos en nuestras oraciones. Ellas sienten que Alfie Lambe está intercediendo en su nombre y esto les anima a continuar con su extensión y, a veces, es difícil trabajar.

Oración por la Beatificación del Siervo de Dios Frank Duff

Dios Padre nuestro, Tú que inspiraste a tu siervo Frank Duff con una profunda visión en el misterio de tu Iglesia, el Cuerpo de Cristo, y del lugar de María, la Madre de Jesús en este misterio. En su inmenso deseo de compartir esta visión con los demás y en filial dependencia de María fundó la Legión para que fuera un signo de su amor maternal por el mundo y un medio para alistar a todos sus hijos en la obra evangelizadora Iglesia. Te agradecemos, Padre por las gracias que le concediste y por los beneficios obtenidos para la Iglesia, por su intrépida y ardiente fe. Con plena confianza te pedimos que a través de su intercesión nos concedas la petición que ponemos ante Ti................. Te pedimos también que, si es tu voluntad, sea reconocida por la Iglesia la santidad de su vida, para la gloria de tu nombre, por Cristo Nuestro Señor, Amén.
Esta oración se puede obtener de la Legión de María www.legion sitio web de mary.ie

Los favores atribuidos a la intercesión de El Siervo de Dios, Frank Duff, debe comunicarse a: Legion of Mary
De Montfort House
Morning Star
Avenue North
Brunswick Street
Dublin 7

lunes 2 de junio de 2008

Manual Oficial de la Legión de María


MANUAL OFICIAL


CONTENIDO

Págs.
3 Abreviaturas de los libros de la Biblia
4 Abreviaturas de documentos del magisterio
5 Carta del Papa Juan Pablo II a la Legión de María
7 Aviso preliminar

8 Perfil de Frank Duff
9 Fotografías Frank Duff

111 Altar de la Legión

145 Vexilla

Págs. Cáps

11- 1. Nombre y Origen

13- 2. Finalidad

14- 3. Espíritu de la Legión

15- 4. Servicio legionario

19 - 5. La devoción legionaria

27 - 6. Deberes de los legionarios para con María

43 - 7. El legionario y la Santísima Trinidad

47 - 8. El legionario y la Eucaristía

53- 9. El legionario y el Cuerpo místico de Cristo

61 - 10. Apostolado Legionario

69 - 11. Estructura de la Legión

74 - 12. Fines externos de la Legión

82 - 13. Admisión de socios

86 - 14. El praesidium

92 - 15. La promesa legionaria

94 - 16. Grados adicionales de los socios

105 - 17. Nuestros legionarios difuntos

107 - 18. Orden de la junta del Praesidium

120 - 19. La junta y el socio

130 -20. El sistema de la Legión es invariable

132 - 21. El místico hogar de Nazaret

135 - 22. Oraciones de la Legión

140 - 23. Las oraciones son invariables

141 - 24. Patronos de la Legión

151 - 25. El cuadro de la Legión

154 - 26. La tessera

155 - 27. Vexillum Legiones

158 - 28. Administración de la Legión

177 - 29. Lealtad legionaria

179 - 30. Actos públicos

185 - 31. Extensión y reclutamiento

189 - 32. Respuestas a algunas objeciones

197 - 33. Deberes básicos de los legionarios

215 - 34. Deberes de los dirigentes del praesidium

226 - 35. Fondos

227 - 36. Praesidia que requieren particular mención

236 - 37. Sugerencias para los trabajos

265 - 38. Los Patricios

279 - 39. Puntos cardinales del apostolado legionario

314 - 40. Predicad el Evangelio a todas las criaturas

334 - 41. “La principal de estas es el amor”


337 Apéndice 1: Cartas y mensajes de los Papas

341 Apéndice 2: Algunos extractos de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia,

“Lumen Gentium”, del Concilio vaticano II

343 Apéndice 3: Extractos del Código de derecho Canónico sobre obligaciones y derechos de

los fieles laicos

345 Apéndice 4: La Legión Romana

347 Apéndice 5: La Cofradía de María, Reina de todos los corazones

349 Apéndice 6: La : La medalla de la Inmaculada Concepción, llamada la “Medalla

Milagrosa”

351 Apéndice 7: La Cofradía del Santísimo Rosario

353 Apéndice 8: La enseñanza de la doctrina cristiana

354 Apéndice 9: Asociación Pionera del Sagrado Corazón sobre la abstinencia Total

354 Apéndice 10: El estudio de la fe

358 Apéndice 11: Síntesis Mariana

360 Oraciones de San Bernardo y de san Efrén

Índices:

361 Índice de las citas de la Biblia

362 Índice de documentos del Magisterio

363 Índice de las citas de los Papas

364 Índice de Autores y otras personas de interés

369 Índice de MateriasNota sobre las referencias a Nuestro Señor

370 Poema de José María Plunquett (traducción)


Abreviaturas de los Libros de Biblia

ANTIGUO TESTAMENTO
Gn Génesis

Ex Éxodo

Jos Josué
1 S 1 Samuel

1 Cro 1 Crónicas Sal Salmos
Ct Cantar de los Cantares

Si Eclesiástico
Is Isaías

Dn Daniel

NUEVO TESTAMENTO

Mt Mateo

Mc Marcos

Lc Lucas

Jn Juan

Hch Hechos de los apóstoles

1 Co Corintios

2 Co Corintios

Col Colosenses

Ga Gálatas

Ef Efesios
Flp Filipenses

1 Ts Tesalonicenses
2 Ts Tesalonicenses
1 Tim Timoteo

2 Tim Timoteo
Hb Hebreos
1 P Pedro
1 Jn Juan
Jds Judas





PAPA JUAN PABLO II A LA LEGIÓN DE MARÍA

Discurso de S.S. Juan Pablo II a un grupo
de Legionarios italianos
el 30 de octubre de 1982.

1. Os saludo cordialmente, hermanos y hermanas de la Legión de María, que habéis venido a Roma, juntamente con vuestro Presidente y consiliario nacional, para encontraros con el Sucesor de Pedro y recibir de él una palabra de estímulo y de bendición.
Mi bienvenida es para todos y cada uno de vosotros.
Me proporciona gran alegría veros en esta aula, tan numerosos, provenientes de diversas regiones de Italia, tanto más porque sois sólo una pequeña parte de ese movimiento apostólico, que en el arco de 60 años se ha extendido rápidamente por el mundo, y hoy, a distancia de dos años de la muerte del fundador Frank Duff, está presente en muchísimas diócesis de la Iglesia universal.
Mis predecesores, a partir de Pío XI, han dirigido a la Legión de María palabras de estima, y yo mismo, el 10 de mayo de 1979, al recibir por vez primera a una delegación vuestra, recordaba con viva complacencia las ocasiones que tuve anteriormente de estar en contacto con la Legión, en París, en Bélgica, en Polonia y, luego, como obispo de Roma, durante mis visitas pastorales a las parroquias de la ciudad.
Así que hoy, al recibir en audiencia a la peregrinación italiana de vuestro movimiento, me resulta entrañable subrayar los aspectos que constituyen la sustancia de vuestra espiritualidad y vuestro modo de ser dentro de la Iglesia.

Vuestra vocación es ser levadura
2. Sois un movimiento de laicos que proponen hacer de la fe aspiración de la propia vida hasta conseguir la santificación personal. Se trata de un ideal elevado y arduo, sin duda. Pero hoy la Iglesia llama a ese ideal, por medio del Concilio, a todos los cristianos del laicado católico, invitándolos a participar en el sacerdocio real de Cristo con el testimonio de una vida santa, con la abnegación y la caridad operante; a ser en el mundo, con el fulgor de la fe, de la esperanza y de la caridad, lo que es el alma en el cuerpo (Lumen Gentium, 10 y 38).
Vuestra propia vocación de laicos es decir, la de ser levadura en el Pueblo de Dios, animación cristiana en el mundo contemporáneo, y llevar el sacerdote al pueblo- es eminentemente eclesial. El mismo Concilio Vaticano II exhorta a todos los laicos a recibir con solícita magnanimidad la invitación a unirse cada vez más íntimamente al Señor, y sintiendo como propio todo lo que es de Él, a participar en la misma misión salvífica de la Iglesia, a ser sus instrumentos vivos, sobre todo allí donde, a causa de las particulares condiciones de la sociedad moderna aumento constante de la población, reducción del número de sacerdotes, nacimiento de nuevos problemas, autonomía de muchos sectores de la vida humana-, la Iglesia más difícilmente podría estar presente y actuar (Ib., 33).


El espacio del apostolado de los laicos se ha ampliado hoy extraordinariamente. Y, así, el compromiso de vuestra vocación típica se hace más imperioso, estimulante, vivo, actual. La vitalidad de los laicos cristianos es el signo de la vitalidad de la Iglesia. Y vuestro compromiso de legionarios se convierte en más urgente, teniendo en cuenta, por una parte, las necesidades de la sociedad italiana y de las naciones de antigua tradición cristiana, y, por otra parte, los ejemplos luminosos que os han precedido en vuestro mismo movimiento. Sólo por nombrar a alguien: Edel Quinn, con su actividad en África negra; Alfonso Lambe, en las zonas más marginadas de América Latina; y luego los millares de legionarios asesinados en Asia o que terminaron en campos de trabajo.

Con el espíritu y la solicitud de María
3. Vuestra espiritualidad es eminentemente mariana, no solo porque la Legión se gloría de llevar como bandera desplegada el nombre de María, sino sobre todo porque basa su método de espiritualidad y de apostolado en el principio dinámico de la unión con María, en la verdad de la íntima participación de la Virgen Madre en el plan de la salvación.
En otras palabras, tratáis de prestar vuestro servicio a cada uno de los hombres, que son imagen de Cristo, con el espíritu y la solicitud de María.
Si nuestro Mediador es uno solo, el hombre Cristo Jesús, afirma el Concilio que “la misión maternal de María para con los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder” (LG, 60). Así la santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora, Madre de la Iglesia (Ver LG, 62).
La empresa apostólica, para nacer y crecer, la mira a Ella, que engendró a Cristo, concebido por el Espíritu Santo. Donde está la Madre, allí está también el Hijo. Cuando se aleja la Madre, se termina, antes o después, por tener lejano también al Hijo. Por algo hoy, en diversos sectores de la sociedad secularizada, se registra una crisis difusa de fe en Dios, precedida por una caída de la devoción a la Virgen Madre.
Vuestra Legión forma parte de los movimientos que se sienten comprometidos muy personalmente en la dilatación o en el nacimiento de la fe a través de la difusión o de la reanudación de la devoción a María; por eso, sabrá afanarse siempre para que, con el amor a la madre, sea más conocido y amado el Hijo, que es camino, verdad y vida de cada uno de los hombres.
En esta perspectiva de fe y de amor, os imparto de corazón la bendición apostólica.
Aviso preliminar


La Legión es un sistema que puede perder su equilibrio si se suprime o se cambia cualquiera de sus partes. Se podría aplicar a la Legión lo que escribió el poeta:

“Quitad un hilo y deshacéis la trama;
romped de teclas mil
una sola, y en todas ellas brama
su triste voz sutil”.
(Whittier)

Así, pues, rogamos encarecidamente a cuantos no se sientan dispuestos a poner en práctica el sistema legionario tal como está descrito en las páginas siguientes, que se abstengan de intentar establecer la Legión. Léase, con relación a esto, el capítulo 20: “El sistema de la legión es invariable”.

Nadie puede ser socio de la legión de María si no se afilia a la misma mediante alguno de sus Consejos legítimamente constituidos.

Si algo nos ha enseñado la pasada experiencia, es que no fracasará la Legión en ninguno de sus cuerpos si se siguen fielmente todas las normas.


FRANK DUFF
Fundador de la Legión de María


Frank Duff nació en Dublín, Irlanda, el 7 de junio de 1889. Entró en el Servicio Civil a la edad de 18 años. A los 24 años, se incorporó a la Sociedad de S. Vicente de Paúl, en la que fue llevado hacia un compromiso más profundo con su fe católica, y, al mismo tiempo, adquirió una gran sensibilidad en cuanto a las necesidades de los pobres y menesterosos.
Con un grupo de mujeres católicas y Fr. Miguel Toher, de la arquidiócesis de Dublín, formó el primer praesidium de la Legión de María el 7 de septiembre de 1921. Desde esa fecha hasta su muerte el 7 de noviembre de 1980, se ocupó de la extensión mundial de la Legión con heróica dedicación. Asistió al Concilio Vaticano II como observador seglar.
Sus profundas deducciones con respecto al papel de la Virgen en el plan de la Redención, así como a la responsabilidad de los fieles en la misión de la Iglesia, se reflejan en este libro, que es obra suya casi en su totalidad.

FRANK DUFF
LA LEGIÓN DE MARÍA


¿Quién es Ésta, que va subiendo cual aurora naciente, bella como la luna, brillante como el sol, terrible como un ejército formado en batalla? (Ct 6,10).

“Y el nombre de la Virgen era María” (Lc 1,27).
“Legión de María. ¡Que nombre más acertado!” (Pío XI).



1

NOMBRE Y ORIGEN

La Legión de María es una asociación de católicos que, con la aprobación eclesiástica, han formado una Legión para servir a la Iglesia en su perpetua lucha contra el mundo y sus fuerzas nefastas, acaudillados por Aquella que es bella como la luna, brillante como el sol, y-para el Maligno y sus secuaces-terrible como un ejército en orden de batalla: María Inmaculada, medianera de todas las gracias.
“Como resultado de la caída, toda la vida humana, tanto individual como colectiva, se presenta como una lucha dramática entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas” (GS, 13).
Los Legionarios ansían hacerse dignos de su excelsa y celestial Reina , y lo intentan mediante su lealtad, sus virtudes y su valentía. Y se han organizado a modo de ejército, tomando como modelo particular a la Legión de la antigua Roma. La Legión de María ha hecho suya la terminología de la Legión romana, pero, a diferencia de ésta, ni sus huestes ni sus armas son de este mundo.
Este ejército mariano, ahora tan numeroso, tuvo los más humildes comienzos. No se formó conforme a un plan preconcebido; brotó espontáneamente. Tampoco se formuló un proyecto de reglas y prácticas. Al contrario, por todo preparativo, alguien sugirió una idea, se fijó una tarde, y se reunieron unas cuantas personas, sin sospechar que habían de ser instrumentos escogidos por la divina Providencia.
En nada se distinguió aquella primera junta de las que hoy celebra la Legión de María en el mundo entero. La mesa, alrededor de la cual se reunieron, tenía puesto un altarcito cuyo centro era una estatua de la Inmaculada (de la Medalla Milagrosa), sobre un lienzo blanco, entre dos floreros y dos candeleros, con velas encendidas. Este conjunto, tan rico en simbolismo, obedeció a la inspiración de
una de las primeras socias. Y allí quedó cristalizado todo lo que representa la Legión de María. La Legión es un ejército: pues bien, allí estaba la Reina antes de reunirse ellos; estaba esperando el alistamiento de aquellos que Ella ya sabía iban a venir. Ella fue quien los escogió, y no al revés, y, desde entonces, ellos se han puesto en marcha y luchan a su lado, sabiendo que el salir triunfantes y el perseverar guarda un ritmo exacto a su unión con Ella.
El primer acto colectivo de aquellos legionarios fue arrodillarse. Aquellas frentes jóvenes y sinceras se inclinaron. Rezaron la invocación y la oración del Espíritu Santo; y luego, entre los dedos ya cansados por el trabajo del día, desgranaron las cuentas de la más sencilla de las prácticas piadosas. Al extinguirse el eco de las jaculatorias finales, se sentaron, y bajo los auspicios de María, representada allí por su imagen, se pusieron a pensar cual sería el mejor modo de agradar a Dios y de hacerle amar en el mundo. De aquellas consideraciones brotó la Legión de María con todas sus características, tal como es hoy.
¡Que portento! ¿Quién, al contemplar aquellas humildes personas, tan llanamente ocupadas, hubiera podido suponer ni al calor de la más loca fantasía- el destino que de allí a poco les aguardaba? Y entre ellas mismas, ¿quién sospechó jamás que entonces precisamente estaban fundando una organización destinada a ser una nueva fuerza mundial, la cual, fielmente encauzada y aprovechada, en manos de María, sería capaz de dar vida, esperanza y dulzura a las naciones? Con todo, así había de ser.
Aquel primer alistamiento de legionarios de María se hizo en Myra House, Francis Street, Dublín, Irlanda, a las ocho de la noche del 7 de septiembre de 1921, víspera de la fiesta de la Natividad de nuestra Señora. Por algún tiempo la organización se llamó “Asociación de nuestra Señora de la Misericordia”, nombre tomado del título de la unidad madre.
La fecha del 7 de septiembre, dictada al parecer por circunstancias fortuitas, se tuvo al principio por menos apropiada que si hubiera sido al día siguiente; sólo después de algunos años, en los que María dio pruebas señaladas de su amor verdaderamente maternal, se echó de ver que no fue un rasgo menos delicado el que mostró hacia la legión, haciendo coincidir su fundación con la hora de su nacimiento. Dice la Sagrada Escritura (Gn 1,5) que el primer día de la creación estuvo compuesto de tarde y mañana, era muy propio que fuesen los primeros aromas de la Natividad de nuestra Señora, y no los últimos, los que impregnaran l
La cuna de aquella organización, cuyo primero y más constante empeño ha sido siempre reflejar en sí misma la semejanza de María como el medio más eficaz para glorificar al señor y hacerle llegar a los hombres.

“María es Madre de todos los miembros del Salvador, porque, en virtud de su caridad, Ella ha cooperado al nacimiento de los fieles en la Iglesia. María es el molde viviente de Dios , es decir: sólo en Ella se formó al natural el hombre Dios sin perder digámoslo así- ningún rasgo de su divinidad; y sólo por ella puede transformarse el hombre de un modo adecuado y viviente- en Dios, en cuanto es capaz la naturaleza humana por la gracia de Jesucristo” (San Agustín).
“La Legión de María muestra el verdadero rostro de la Iglesia Católica” (Papa Juan XXIII).



2

FINALIDAD

La Legión de María tiene como fin la gloria de Dios por medio de la santificación personal de sus propios miembros mediante la oración y la colaboración activa bajo la dirección de la jerarquía- a la obra de la Iglesia y de María: aplastar la cabeza de la serpiente infernal y ensanchar las fronteras del reinado de Cristo.
Después de contar con la aprobación del Concilium, y dentro de los límites prescritos por el Manual Oficial de la legión, ésta se pone al servicio del obispo diocesano y del cura párroco, para cualquier obra social o de acción católica que, a juicio de dichas autoridades, pueda contribuir al bien de la Iglesia, y esté al alcance de los legionarios. Sin el consentimiento del párroco o del Ordinario, jamás emprenderán los legionarios ninguna de esas obras en una parroquia.
Por “ordinario” se entiende en estas páginas “el ordinario del lugar”: el obispo de la diócesis u otra autoridad eclesiástica competente.

a) El fin inmediato de la colaboración de los seglares en el apostolado de la Jerarquía coincide con el fin apostólico de la Iglesia, es decir: evangelizar y santificar a los hombres y formar cristianamente su conciencia, de suerte que puedan imbuir de espíritu evangélico las diversas comunidades y los diversos ambientes.
b) Los seglares al cooperar según su condición específica con la Jerarquía, ofrecen su experiencia y asumen su responsabilidad en la dirección de estas organizaciones, en el examen cuidadoso de las condiciones en que ha de ejercerse la acción pastoral de la Iglesia, y en la elaboración y desarrollo de los programas de trabajo.
c) Los seglares trabajan unidos a la manera de un cuerpo orgánico, de forma que se manifieste mejor la comunidad de la Iglesia y resulte más eficaz el apostolado.
d) Los seglares ya-se ofrezcan espontáneamente, ya sean invitados a la acción y a la directa cooperación con el apostolado jerárquico-, obran bajo la dirección superior de la misma Jerarquía , la cual puede sancionar esta cooperación incluso por un mandato explícito” (AA, 20).



3

ESPÍRITU DE LA LEGIÓN

El espíritu de la Legión de María es el de María misma. Y de manera particular anhela la Legión imitar su profunda humildad, su perfecta sumisión, su dulzura angelical, su continua oración, su absoluta mortificación, su inmaculada pureza, su heroica paciencia, su celestial sabiduría, su amor a Dios intrépido y sacrificado; pero, sobre todo, su fe: esa virtud que en Ella, llegó hasta su más alto grado, a una sublimidad sin par. Animada la Legión con esta fe y este amor de María, no hay empresa, por ardua que sea, que le arredre; ni se queja ella de imposibles, porque cree que todo lo puede (Imitación de Cristo, lib III, cap. 3:5).
“El modelo perfecto de esta espiritualidad apostólica es la Santísima Virgen María, Reina de los apóstoles. Ella, mientras vivió en este mundo una vida igual a la de los demás, llena de preocupaciones familiares y de trabajos, estaba constantemente unida a su Hijo, y cooperó de modo singularísimo a la obra del Salvador… Hónrenla todos con suma devoción, y encomienden su vida apostólica a la solicitud de María” (AA, 4).




4

SERVICIO LEGIONARIO

1. Debe “revestirse de las armas de Dios” (Ef 6, 11)

La Legión de María toma su nombre de la legión romana, la cual es considerada todavía hoy, después de tantos siglos, como dechado de lealtad, valor, disciplina, resistencia y poder conquistador, a pesar de haber empleado dichas cualidades para fines muchas veces ruines y siempre mundanos (véase apéndice 4). Es evidente que la Legión de María no podrá de manera alguna presentarse ante su capitana sin estar adornada de tan preciosas virtudes. Sería el engaste sin la joya. De modo que las cualidades mencionadas expresan el mínimum del servicio legionario. San Clemente, convertido por San Pedro y colaborador de San Pablo, propone al ejército romano como un modelo que la Iglesia debe imitar.

“¿Quiénes son los enemigos? Son los malvados que se resisten a la voluntad de Dios. Así, pues, entremos con determinación en la guerra de Cristo, y sometámonos a sus gloriosas órdenes. Examinemos atentamente a los que sirven en la legión romana bajo las autoridades militares, y observaremos su disciplina, su prontitud de obediencia en ejecutar sus órdenes. No todos son perfectos, o tribunos, o centuriones, u oficiales al frente de cincuenta soldados, u ostentan grados de autoridad inferiores. Pero cada hombre, según su rango, ejecuta las órdenes del emperador y de sus oficiales superiores. Los grandes no pueden subsistir sin los pequeños. Hay cierta unidad orgánica que combina todas las partes de modo que cada cual ayuda a todos y todos le ayudan a él.
Consideremos la analogía de nuestro cuerpo. La cabeza sin los pies no es nada, como tampoco son nada los pies sin la cabeza. Aun los órganos más íntimos de nuestro cuerpo son necesarios y valiosos para el cuerpo entero. En efecto, todas las partes colaboran en mutua dependencia, y prestan una obediencia común, en beneficio de todo el cuerpo” (San Clemente, Papa y mártir, epístola a los Corintios, año 96, capítulo 36 y 37).



2. Debe ser “un sacrificio vivo, consagrado, agradable a Dios, y no conforme a este mundo” (Rm 12, 1-2)

Sobre esta base se levantarán en el alma de todo fiel legionario de María virtudes tanto más excelsas cuanto más sublime es su causa comparada con la del antiguo ejército romano. Y, sobre todo, vibrara su alma con esa noble generosidad que arrancó a Santa Teresa esta queja: “¡Recibir tanto, tanto, y devolver tan poco! ¡Ay, éste es mi martirio!” y contemplando a su Señor crucificado, a Aquel que le entregó hasta su último suspiro y la última gota de su sangre, el legionario debe hacer el firme propósito de reflejar en su servicio siquiera algo de tanta generosidad.

“¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? “
(Is 5,4)

3. No debe rehuir “trabajos y fatigas” (2Co 11,27)

Aunque el católico celoso tiene que estar dispuesto siempre -en una u otra parte del mundo- a enfrentarse a instrumentos de tortura y muerte- como lo prueban hechos recientes-, el servicio legionario tiene, por lo común, un campo de acción menos brillante. Así y todo, no escasearán las ocasiones de practicar el heroísmo; callado, si se quiere, pero no por eso menos verdadero. El apostolado legionario impondrá al acercarse a muchas personas que preferirían alejarse de toda sana influencia, y que no tendrán reparo en manifestar su desagrado, al ser visitadas por aquellos que procuran el bien y combaten el mal. Ya estos seres hay que ganárselos; y eso no será posible si no es poniendo en juego un espíritu paciente y recio.
Miradas aviesas; la punzada de la afrenta y del desprecio; ser el blanco del ridículo y de las malas lenguas; cansancio del cuerpo y del espíritu; el tormento del fracaso y de la innoble ingratitud; frío intenso, lluvias torrenciales, suciedad, insectos, malos olores, pasillos oscuros, ambiente sórdido; el privarse de pasatiempos y cargarse de preocupaciones, que siempre se acumulan en las obras de la caridad; la angustia que se apodera de toda alma sensible a la vista del ateísmo y de la depravación; la participación generosa en los dolores ajenos… Todas esas cosas tienen poco de aparatosas; pero sobrellevadas con paciencia, más aún, consideradas como goces, con perseverancia hasta el fin, vendrán a pesar en la balanza de la divina Justicia casi tanto como el amor que excede a todo otro amor: el de aquel que da la vida por sus amigos (Jn 15,13).

“¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?” (Sal 116,12).

4. Debe proceder con amor, “igual que Cristo nos amó y se entregó por nosotros” (Ef 5,2)

El secreto del éxito feliz en el trato con los demás está en establecer contacto personal con ellos, un contacto de amor y simpatía mutua. Pero este amor ha de ser más que meras apariencias: ha de saber resistir las pruebas que entraña la verdadera amistad; esto exigirá a menudo alguna mortificación. Saludar, en un ambiente de lujo y elegancia, a quien poco antes se fue a visitar en la cárcel; andar por las calles con personas andrajosas, estrechar cordialmente una mano mugrienta, aceptar un bocado en una buhardilla pobre y sucia: estas cosas- y otras por el estilo- a algunos les parecerá difíciles, pero, si rehuyen, se descubrirá que esa amistad era puramente fingida. Y, ¿qué sucede? Se rompe el contacto, y aquella pobre alma que se iba levantando, desilusionada, se vuelve a hundir en la sensación de fracaso.
Toda obra, para ser realmente fructífera, debe radicar en cierta disposición del alma a darse espontánea y totalmente a los demás. Sin ella, el servicio legionario carece de vida. El legionario que pone límites: “hasta ese punto me sacrificaré, más no”, nunca saldrá de lo trivial, por más esfuerzos que haga. Pero teniendo esta pronta disposición- aunque esta no se desarrolle en toda su eficacia, o sólo en una mínima parte-, fructificará, sin embargo, en obras portentosas.

Contestó Jesús: ¿Tú darías la vida por mí? (Jn 13,38).

5. Debe “correr hasta la meta” (2 Tm 4,7)

Así pues, la Legión exige un servicio sin límites, sin restricciones. Y esto no es solamente un consejo, es una necesidad; porque, si no apunta el legionario a lo más alto, no llegará a perseverar ni siquiera en lo comenzado. Perseverar hasta el fin en la obra del apostolado es, en sí misma, cosa heroica; y este heroísmo se consigue sólo a fuerza de una serie continua de actos heroicos, que tienen en la perseverancia final su remate y su corona.
Pero aquí tratamos de la perseverancia, no sólo de cada legionario, en su calidad de tal, sino como un sello que ha de llevar estampado cada acto que integra el programa de acción de la Legión. Cambios tiene que haber, claro está: en las visitas se cambia de lugar y de persona; se pone término a unas obras y se empiezan otras, etc.; pero esto es el movimiento acompasado de un proceso vital, no el caprichoso vaivén de la inestabilidad y del afán de novedad, que acaba por romper la más férrea disciplina. Recelosa de este espíritu de mutabilidad, la Legión no cesa de clamar exigiendo un espíritu recio; y, al terminar sus juntas, envía a los legionarios a sus diversas empresas, despidiéndolos con esta consigna invariable: ¡Manteneos firmes! (2 Ts 2,15).
Salir airoso en cualquier empresa difícil depende del esfuerzo constante, y éste, a su vez, es fruto de una voluntad indómita de vencer. Ahora bien: lo esencial, para que persevere esta voluntad, es que no se doblegue ni mucho ni poco; y, por eso, la Legión impone a cada cuerpo del ejército- y a cada soldado de ese cuerpo- la resolución de negarse en absoluto a aceptar cualquier derrota, o a exponerse a ella por cierta tendencia a considerar las varias empresas con lemas como éstos: “promete”, “no promete”, “irremediable”, etc.
Calificar a primera vista como irremediable cualquier caso da a entender que, en lo que respecta a la Legión, hay un alma de inestimable valor que se deja en libertad para que se precipite a gran velocidad por el camino de la perdición; indica, además, que ya no se obra con miras altas, sino por el prurito de la novedad y por deseos de un aparente progreso, resaltando que, si la semilla no brota en las mismas pisadas del sembrador, éste se desanima y, más o menos tarde, abandona la labor.
Por otra parte, se ha dicho con insistencia que el mero hecho de clasificar de irremediable una situación- sea la que fuere- automáticamente debilita el ánimo para todas las demás. Consciente o inconscientemente al acometer una empresa, siempre entrará la duda de si ésta merecerá el esfuerzo que exige; y la menor vacilación en tales circunstancias paraliza la acción.
Pero lo más triste es que ya, en tal caso, no actuaría la fe, como debe actuar en toda obra legionaria; y sólo se le abriría paso cuando así conviniera a los cálculos de la razón, y aún entonces haría un papel muy secundario. De donde resulta que, por estar tan amarrada la fe y tan agotado su brío, enseguida entran en tropel las timideces y las ruindades de la naturaleza y la mera prudencia humana, que antes se tenían a raya; y la Legión, para gran deshonra suya, viene a ofrendar al cielo un servicio relativo, pasajero y mezquino.
La Legión, pues, se preocupa, ante todo y sobre todo, de proceder con resolución y vigor, y, sólo secundariamente, de trazar un determinado programa de actividades. A sus socios no les exige ni riquezas ni influencia social, sino fe sin vacilar; no pide hazañas, sino esfuerzos constantes; no genio ni talento, sino amor insaciable; no fuerzas de gigante, sino disciplina férrea. El servicio legionario tiene que ser un perpetuo ¡Adelante!, cerrándose total y obstinadamente a todo desaliento; inconmovible como una roca en momentos de crisis, y constante en todo tiempo; deseoso del éxito, pero humilde en su logro y desasido de él; luchando contra el fracaso, pero, si viene, sin arredrarse por él; al contrario, prosiguiendo la lucha hasta resarcirse de las pérdidas, aprovechándose hasta de las dificultades de la monotonía como de un campo donde desplegar su confianza y su resistencia ante un prolongado asedio. Pronto a la voz de mando; alerta aun sin ser llamado; y siempre, aun cuando no haya combate ni se divise al enemigo, centinela incansable de los intereses de Dios. Con ánimo para lo imposible, pero contento de hacer de mero sustituto. Nada demasiado costosos, ningún deber demasiado humilde para lo uno y para lo otro, la misma inagotable paciencia, atención igualmente minuciosa, el mismo inflexible valor: cada obra, templada por la misma áurea tenacidad. Siempre de servicio por las almas; siempre dispuesto a socorrer a los débiles en sus momentos de flaqueza, y vigilante para sorprender a los corazones endurecidos en sus escasos momentos de debilidad, buscando sin descanso a los extraviados; olvidado de sí, al pie de la cruz ajena, y allí clavado, hasta que todo esté cumplido.
¡Nunca ha de desfallecer el servicio de una organización consagrada a la Virgen fiel, y que lleva- para honor o vergüenza suya- su bendito nombre!

5

LA DEVOCIÓN LEGIONARIA

Las características de la devoción legionaria quedan reflejadas en sus oraciones. En primer lugar, la Legión está cimentada sobre una gran confianza en Dios y en el amor que Él nos tiene a nosotros, sus hijos. Desea servirse de nuestros esfuerzos para gloria suya, y, a fin de que fructifiquen constantemente, los quiere purificar. Nosotros por el contrario, solemos oscilar entre la apatía y la ansiedad febril, y somos así porque consideramos a Dios como alguien alejado de nuestro quehacer. Compenetrémonos, pues, con esta verdad: que, si algún buen propósito tenemos, Él lo ha imbuido en nosotros, y si este propósito, con el tiempo, da frutos, es tan solo porque Él no deja por un momento de vigorizar nuestros brazos. Más, muchísimo más que nosotros se interesa Dios por la feliz ejecución de la obra que tenemos entre manos; más, infinitamente más que nosotros desea Él esa conversión que buscamos. ¿Queremos ser santos? Él lo anhela incomparablemente más que nosotros.
Esta compenetración de nuestra voluntad con la de Dios, nuestro buen padre, ha de ser el firmísimo apoyo de todo legionario, en la doble empresa de su santificación personal y de su servicio a favor de los demás. Sólo la falta de confianza puede malograr el feliz resultado de la obra. Si tenemos fe bastante, Dios se servirá de nosotros en la conquista del mundo para gloria suya.

Todo el que nace de Dios vence al mundo; y ésta es la victoria que ha derrotado al mundo: nuestra fe (Jn 5,4).

“Creer quiere decir “abandonarse” en la verdad misma de la Palabra de Dios viviente, sabiendo y reconociendo humildemente” ¡cuan insondables son sus designios e inescrutables sus caminos!” (Rm 11,33). María, que por la eterna voluntad del Altísimo se ha encontrado, puede decirse, en el centro mismo de aquellos “inescrutables caminos” y de los “insondables designios” de Dios, se conforma a ellos en la penumbra de la fe, aceptando plenamente y con corazón abierto todo lo que está dispuesto en el designio divino” (RMat, 14).


1. DIOS Y MARÍA

Después de Dios la Legión tiene su más firme apoyo en la devoción a María, aquel portento inefable del Altísimo, como dice Pío IX.
Mas, ¿qué puesto ocupa María en relación a Dios? Como a todos los demás hijos de hombre, Dios la sacó de la nada; y, aunque ya en ese momento inicial la ensalzó hasta una altura de gracia inmensa e inconcebible, respecto de su Hacedor es como la nada. Ella, más que nadie, es criatura suya, porque en Ella, más que en otra alguna, ha obrado su Mano todopoderosa. Cuanto más hace por Ella, tanto más es hechura suya.
Y muy grandes cosas hizo Dios en María: desde toda la eternidad la asoció en su mente divina con el Redentor; la hizo entrar en los misteriosos designios de su gracia, escogiéndola para Madre de su Hijo y de todos los que estuviesen unidos a Él. Todo lo cual quiso Dios, en primer lugar, porque María había de corresponder a la elección más fielmente que todas las demás criaturas juntas; y en segundo lugar, porque de este modo- misterio inaccesible a nuestra limitada razón- acrecentaba la gloria que habíamos de darle también todos nosotros. Por lo tanto, es imposible que ninguna oración o servicio de amor con que le obsequiemos a María como a Madre nuestra y Auxiliadora de nuestra salvación pueda redundar en menoscabo de Aquél que quiso crearla así.
Cuanto le ofrezcamos a Ella, llega a Dios íntegro y seguro. Es más: nuestra ofrenda, al pasar por manos de María, no sólo no sufre mengua, sino que aumenta su valor. María no es una simple mensajera, ha sido constituida por Dios como elemento vital en la economía de su gracia; de suerte que su intervención le procura a Él una gloria mayor, y a nosotros, más copiosas gracias.
Y así como se complació el Eterno Padre en darnos a María como abogada nuestra y en recibir de sus manos nuestros homenajes, de igual manera se dignó hacerla Medianera de sus gracias; es decir, el Camino por donde encauza el caudal de favores que tan a manos llenas derrama su bondad todopoderosa, particularísimamente Aquel que es la causa y fuente de todos ellos: la Segunda persona Divina hecha hombre, nuestra verdadera vida y única salvación.

“Si deseo depender de la Madre es para hacerme siervo del Hijo; si aspiro a ser todo de Ella, es para rendir a Dios mi homenaje de sujeción con mayor fidelidad” (San Ildefonso).

2. MARÍA, MEDIANERA DE TODAS LAS GRACIAS

La confianza de la Legión en María no tiene límites, pues sabe que, por disposición divina, tampoco tiene límites el poder de María. Dios dio a María cuanto pudo darle, cuanto Ella era capaz de recibir, y se lo dio sin medida; el mismo Dios nos la ha dado como medio especialísimo de conseguir su gracia; porque ha dispuesto que, cuando obramos unidos a Ella, tengamos más acceso a él, y, en consecuencia, mayores garantías de alcanzar sus dones. Realmente, así, nos sumergimos en la misma pleamar de la divina gracia, ya que María es la Esposa del Espíritu Santo y el canal por el que fluyen hasta nosotros cuantas gracias manan de la Pasión de Jesucristo. No hay nada de cuanto recibimos que no lo debamos a una intervención positiva de María; la cual, no contenta con transmitir nuestras súplicas, las hace eficaces para alcanzar cuanto piden.
Penetrada de una fe viva en este oficio mediador de María, la Legión inculca la práctica de esta especial devoción a todos sus miembros.

“Mirad con qué amor tan ardiente quiere Dios que honremos a María: de tal modo ha derramado en Ella la plenitud de todo bien, que toda nuestra esperanza, toda gracia, toda salvación, todo- repito, y no lo dudemos-, todo nos viene por Ella” (San Bernardo, Sermo de Aquaeductu).

3. MARÍA INMACULADA

La Legión vuelve sus ojos, en segundo término, a la Inmaculada Concepción de María.
Ya en la primera junta de la Legión se reunieron los socios alrededor de un altarcito de la Inmaculada, para orar y deliberar; y, hoy día ese mismo altar constituye el centro de todas las juntas legionarias, en todo el mundo. Y se puede afirmar que el primer soplo de vida de la Legión fue una jaculatoria en loor de este privilegio de María; privilegio que preparó a esta excelsa Señora para recibir todas las demás prerrogativas y grandezas que se le concedieron después.
La primera voz profética de la Escritura, al prometernos a María, hizo ya mención de esta Concepción Inmaculada, que forma parte de María, que es María; ahí, juntamente con este privilegio, se presagia toda la serie de maravillas que habían de arrancar de él, a saber: la Divina Maternidad, el aplastar la cabeza de la serpiente infernal por medio de la Redención, y la Maternidad espiritual de María respecto de los hombres: Pongo hostilidad entre ti y la Mujer, entre tu linaje y el suyo: Él pisará tu cabeza cuando tú hieras su talón (Gn 3,15).
A estas palabras, dichas por Dios a Satanás, acude la Legión a fin de beber en ellas como en la fuente de su confianza y fortaleza en su lucha contra el pecado. Aspira de todo corazón a ser el linaje de María, su Descendencia en el pleno sentido de la palabra, porque en eso radica la promesa de la victoria. Cuanto más se acentúa esa maternidad de María, más se intensifica la oposición a las fuerzas del mal, y la victoria es más completa.
“Las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento, así como la venerable tradición, muestran el papel de la Madre del Salvador en el proyecto de salvación, y hasta con indiscutible evidencia. Los libros del Antiguo Testamento describen la historia de la salvación, por la que la venida de Cristo a la tierra fue detenidamente preparada. Los primeros documentos, tal como se leen en la Iglesia y se comprenden a la luz de una posterior y plena revelación, nos traen la figura de una mujer, Madre del Redentor, presentándola con una luz cada vez más clara. A la vista de esta luz, Ella está ya proféticamente prevista en la promesa de una victoria sobre la serpiente, que le fue dada a nuestros primeros padres caídos en el pecado (cf. Gen 3,15)” (LG, 55).

4. MARÍA NUESTRA MADRE

Si nos honramos con el título de hijos, forzosamente tendremos que apreciar la maternidad de la que nos viene este título. De ahí que el tercer aspecto de la devoción legionaria a María es honrarla devotísimamente como a verdadera Madre nuestra que es.
Fue hecha Madre de Cristo cuando al saludo del ángel, respondió dando su humilde consentimiento: “Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho” (Lc 1,38). Nos fue dada como Madre nuestra entre las angustias del Calvario, al decir Jesús desde la cruz: “Mujer, ése es tu hijo;” y al decirle a Juan: “Ésa es tu madre” (Jn 19,26-27). Estas palabras se dirigieron a todos los escogidos, representados allí por Juan; y María, cooperando plenamente a la Redención con su consentimiento y sus dolores, fue hecha entonces Madre nuestra, en el sentido más profundo de la palabra Madre.
Somos verdaderos hijos de María, luego hemos de portarnos como tales: como hijos pequeños, dependientes de Ella en todo. A Ella debemos acudir para que nos alimente, nos guíe, nos instruya, cure nuestras dolencias, nos consuele en nuestros pesares, nos aconseje en nuestras dudas, y nos conduzca al buen camino cuando nos extraviemos, a fin de que, entregados totalmente a su cuidado, crezcamos en la semejanza de nuestro Hermano Mayor, Jesús, y compartamos con Él su misión de combatir el pecado y vencerlo.

“María es Madre de la Iglesia, y no sólo porque es la Madre de Cristo y su más íntima colaboradora en “la nueva economía, en la que el Hijo de Dios tomó de Ella una naturaleza humana, pudiendo así, a través del misterio de su carne, liberar al hombre del pecado”; sino, también, porque brilla ante la comunidad entera de los elegidos como modelo de virtudes. Ninguna madre humana puede limitar su misión de madre al sólo engendramiento de un nuevo ser. Deberá, además, criar y educar a su prole. En este sentido, la bienaventurada Virgen María participó en el sacrificio redentor de su Hijo, y de un modo tan íntimo, que mereció ser proclamada por Él, Madre, no sólo de su discípulo Juan, sino- permítasenos afirmarlo- del género humano que éste simbolizaba; y continúa ahora realizando desde el cielo su función maternal, como cooperadora en el nacimiento y desarrollo de la vida divina en las almas de cada uno de los redimidos. Ésta es una verdad en extremo consoladora, que, por libre voluntad del sapientísimo Dios, forma parte integrante del misterio de la salvación humana; por tanto debe ser considerada de fe por todos los cristianos” (SM).

5. LA DEVOCIÓN LEGIONARIA, RAÍZ DEL
APOSTOLADO LEGIONARIO

Uno de los deberes más sagrados de la Legión será manifestar exteriormente esta tan acendrada devoción a la Madre de Dios, que tiene en su corazón. Pero, como la Legión no puede actuar sino a través de sus miembros, ruega encarecidamente a cada uno de éstos que asuma plenamente este espíritu, haciéndolo objeto de seria meditación y alma de su apostolado.
Si esta devoción a María ha de ser verdaderamente un tributo legionario, es preciso que constituya una parte integral de la Legión, un deber tan esencial a todos los socios como la junta semanal o el trabajo activo; y por lo tanto, todos han de participar en esta devoción con perfecta unanimidad. De tan capital importancia es este punto, que nunca acabarán los legionarios de grabárselo debidamente en su mente.
Esta participación unánime de espíritu mariano es cosa muy delicada, y, como en esto actúan todos, todos pueden comprometerla: de modo que cada cual ha de salir fiador de ella como de un sagrado depósito. Si en esto hay alguna deficiencia, si los legionarios no son como piedras vivas, que van entrando en la construcción del edificio espiritual (1 P 2,5), entonces falla una parte esencial de la estructura de la legión. Cada socio que se enfríe en su amor a María será una piedra caída del edificio; y, si el espíritu general decayera del primitivo fervor, la Legión vendría a ser no un refugio, sino una casa en ruinas: no podría ya cobijar a sus hijos, y mucho menos sería hogar de nobleza y santidad, ni punto de partida para empresas heroicas.
En cambio, unidos todos como un solo miembro en el puntual y fervoroso cumplimiento de este deber del servicio legionario, no solamente se destacará la Legión entre todas las organizaciones católicas por su ardentísimo amor a María; estará, además, dotada de maravillosa unidad de espíritu, de miras y de acción. Es tan preciosa a los ojos de Dios esta unidad nacida del amor a la Virgen, que Dios le ha conferido un poder irresistible. Pues, si sólo a un alma le vienen tan grandes gracias por este camino real de la devoción a la madre de Dios, ¿qué no ha de recibir toda una organización que persevera en oración con María (Hch 1,14), con Aquella que todo lo ha recibido de Dios? Participando- como participa- con Ella de un mismo espíritu, y entrando tan de lleno por Ella en el plan divino sobre la distribución de las gracias, ¿cómo no ha de estar dicha organización repleta del Espíritu Santo? (Hch 2,4), ¿cómo no va a ser instrumento de muchos prodigios y señales? (Hch 2,43).

“Orando en medio de los Apóstoles, y amándolos fervorosamente con su corazón maternal, la Virgen hace bajar al Cenáculo ese tesoro que, en adelante, enriquecerá siempre a la Iglesia: la plenitud del Paráclito, la Dádiva suprema de Cristo” (JS).

6. ¡SI MARÍA FUESE CONOCIDA!

Al sacerdote, que lucha casi desesperadamente en un mar de indiferencia religiosa, le recomendamos que lea las siguientes palabras del padre Fáber, entresacadas de su introducción a La Verdadera Devoción a María, de San Luis Ma. De montfort, fuente perenne de inspiración para la Legión; porque le darán pie para reflexionar en lo útil que le puede ser la Legión. Prueba el mencionado padre Fáber que la triste condición de las almas es efecto de no conocer ni amar bastante a María: “La devoción que le tenemos es limitada, mezquina y pobre; no tiene confianza en sí misma. Por eso no se ama a Jesús, ni se convierten los herejes, ni se ensalza a la Iglesia.
Almas que podrían ser santas, se marchitan y mueren; no se frecuentan los sacramentos como es debido, ni se evangeliza con entusiasmo y fervor. Jesús está oscurecido porque María ha quedado en la penumbra. Miles de almas perecen porque impedimos que se acerque a ellas María. Y la causa de todas estas funestísimas desgracias, omisiones y desfallecimientos es esta miserable e indigna caricatura que tenemos la osadía de llamar “nuestra devoción a la Santísima Virgen”. Si hemos de dar fe a las revelaciones de los santos, Dios nos está urgiendo a que tengamos a su bendita Madre una devoción más profunda, más amplia, más robusta; una devoción muy otra de la que hemos tenido hasta el presente… Pruébelo cada uno por sí mismo, y quedará atónito al ver las gracias que trae consigo esta devoción nueva: se obrará en su alma tal transformación, que no le dejará mucho tiempo en la duda de su gran eficacia- insospechada antes- como medio de poner a los hombres en el camino de su salvación y preparar el advenimiento del Reinado de Cristo”.

A la Virgen poderosa le es dado aplastar la cabeza de la serpiente infernal; a las almas unidas a Ella, vencer al pecado.
En esto hemos de poner una fe inquebrantable y una esperanza firme.
Dios está dispuesto a dárnoslo todo; luego todo depende de nosotros. ¡Y de ti, Madre de Dios! ¡Tú lo recibes todo, y lo atesoras, para hacerlo llegar hasta nosotros! Sí, todo depende de que se unan los hombres con Aquella que todo lo recibe de Dios” (Gratry).

7. MANIFESTAR A MARÍA AL MUNDO

Si de tantos prodigios es instrumento la devoción a María, el principal empeño tendrá que consistir en aplicar este instrumento, para manifestar a María al mundo. La Legión está constituida por seglares, y, por lo tanto, es ilimitada en cuanto al número de socios, y capaz de abrirse camino en todas partes; por seglares apóstoles que aman a María con todas sus fuerzas y que quieren encender este mismo amor en los demás corazones, utilizando, para conseguirlo, los múltiples recursos a su alcance. ¿Quién duda, entonces, de que la Legión es la organización llamada a realizar tan grande empresa?
La Legión lleva con indecible orgullo el bendito nombre de María; como organización tiene sus más hondos cimientos en una confianza filial, ilimitada, en María; y da solidez a esos cimientos mediante la implantación de esta confianza en el corazón de cada uno de sus miembros; y se sirve luego de éstos como de otros tantos instrumentos, dotados de perfecta armonía, lealtad y disciplina. Esta Legión de María no considera presunción, sino justa medida de confianza , el creer que su organización constituye- por decirlo así- un mecanismo apostólico que sólo requiere la dirección de la Autoridad para conquistar al mundo entero, y ser, en manos de María, un órgano destinado por Ella a ejercer su función de Madre de las almas, y perpetuar su eterna misión de aplastar la cabeza de la Serpiente.

El que cumple la voluntad de mi Padre del Cielo, es hermano mío y hermana y madre (Mc 3,35). “¡Oh poder de la virtud! ¡A qué alturas no eleva a los que la practican! En el transcurso de los siglos, ¡cuantas mujeres han envidiado la dicha de la benditísima Virgen! ¡Cuántas han dicho que, a cambio de merecer la gracia de tan gloriosa maternidad, hubieran sacrificado todo, todo! Y, sin embargo, ¿qué les impide a ellas participar en esa misma maternidad? Aquí el Evangelio habla de un nuevo parentesco” (San Juan Crisóstomo).
6
DEBERES DE LOS LEGIONARIOS
PARA CON MARÍA

1. Meditar seriamente en esta devoción, y practicarla con celo, es un deber sagrado para con la Legión, y constituye un elemento esencial a la calidad de socio de la misma, debiéndose anteponer su cumplimiento a toda otra obligación legionaria (véase el capítulo 5 , “La devoción legionaria”, y el apéndice 5, “Confraternidad de María Reina de todos los corazones”)

La Legión vive para manifestar a María al mundo, como medio infalible de conquistar al mundo para Jesucristo.
Un legionario que no tuviere a María en su corazón, en nada contribuirá al logro de este fin. Estará divorciado de toda aspiración legionaria; será un soldado sin armas, un eslabón roto en la cadena, o mejor dicho- un brazo paralizado; unido, si, materialmente al cuerpo, pero inutilizado para todo trabajo.
Un ejército- y la Legión lo es- pone todo su empeño en unir a los soldados con su caudillo tan estrechamente que ejecuten pronta y concertadamente sus planes, obrando todos como un solo hombre. Para esto sirven tantos y tan complejos ejercicios militares. Además, en un ejército tiene que haber- y de hecho así ha sido en los más célebres de la historia- una adhesión apasionada al jefe, que intensifique la unión de los soldados con él y haga fáciles los mayores sacrificios impuestos por el plan de campaña. Del caudillo se puede decir que es el alma y la vida de sus subordinados; que éstos le llevan en el corazón; que son una misma cosa con él, etc.: frases todas que revelan la eficacia del mando. Pues bien: si estas frases son expresivas de lo que sucede en los ejércitos terrenales, más propiamente deberían aplicarse a los legionarios de María, porque, si eso otro es fruto del patriotismo o de la disciplina militar, la unión entre todo cristiano y María, su Madre, es incomparablemente más estrecha y verdadera.
Por eso, decir que María es el alma y la vida del buen legionario es trazar una imagen muy inferior a la realidad; esta realidad está compendiada por la Iglesia cuando llama a nuestra Señora Madre de la divina gracia, Mediadora de todas las gracias, etc. En estos títulos queda definido el dominio absoluto de María sobre el alma humana: un dominio tal y tan íntimo, que no es capaz de expresarlo adecuadamente ni la más estrecha unión en la tierra: la de la madre con su hijo en el seno. Estas y otras comparaciones, sacadas de la misma naturaleza visible, nos ayudarán algo a conocer el puesto que ocupa María en el obrar de la divina gracia. Sin corazón no circula la sangre; sin ojos no hay comunicación con el mundo de los colores; sin aire, de nada vale el aleteo del ave, no hay vuelo posible. Pues más imposible aún es que el alma, sin María, se eleve hasta Dios y cumpla sus designios. Él lo ha querido así.
Esta dependencia nuestra de María es constante, aunque no la advirtamos, porque es cosa de Dios, no una creación de la razón o del sentimiento humano. Con todo, podemos y debemos- robustecer esta dependencia más y más, sometiéndonos a ella libre y espontáneamente. Si nos unimos íntimamente con Aquella que- como afirma San Buenaventura- es la dispensadora de la Sangre de nuestro Señor, descubriremos maravillas de santificación para nuestras almas; brotará en nosotros un manantial de insospechadas energías, con las que podremos influir en la vida de los demás. Y aquellos que no pudimos rescatar de la esclavitud del pecado con el oro de nuestro mejor esfuerzo, recobrarán -todos ellos, absolutamente todos- su libertad, cuando en ese oro engaste María las joyas de la preciosa sangre de su Hijo, que Ella posee como tesoro.
El legionario debe estar totalmente imbuido de esta influencia incesante de María; comience con un fervoroso acto de consagración, y renuévelo frecuentemente con alguna jaculatoria que lo compendie por ejemplo: soy todo tuyo, Reina mía, Madre mía, y cuanto tengo tuyo es-; hasta llegar a fuerza de repetidos y fervientes actos, a poder decir que “respira a María como el cuerpo respira el aire” (San Luis María de Montfort).
En la santa misa, la sagrada comunión, visitas al Santísimo, el santo rosario, vía crucis y otros actos de piedad, el legionario debe procurar identificarse por decirlo así- con María, y mirar los misterios de nuestra redención con los ojos de Aquella que los vivió juntamente con el Salvador y tomó parte en todos ellos.
Si imita a sí a María; si le vive agradecido; si se alegra y se duele con Ella; si le dedica lo que Dante llama “largo estudio y gran amor”; si la recuerda en cada oración, en cada obra, en cada acto de su vida íntima; si se olvida de sí y de sus propias fuerzas y habilidades, para depender de Ella; si es así y actúa así, tan henchido quedará el legionario de la imagen y del conocimiento de María, que él y Ella no parecerán sino un solo ser. Y, perdido en las inmensidades del alma de María, el legionario participará de su fe, de su humildad, de su corazón inmaculado, con todo su poder de intercesión; y pronto, muy pronto, se verá transformado en Cristo, meta suprema de la vida. María, a su vez, corresponderá a la generosa entrega del legionario; entrará Ella misma a participar en todas su empresas apostólicas, derramará por medio de él su ternura de Madre sobre las almas, y no sólo le dará la gracia de ver en aquellos para quienes trabaja y en sus hermanos legionarios a la persona de Jesucristo, sino que, en su mismo trato con ellos, le inspirará aquel finísimo amor y delicada solicitud que Ella prodigó al cuerpo físico de su divino Hijo.
Al ver la Legión que sus miembros están hechos así copias vivientes de María, se proclama Legión de María, destinada a compartir con Ella su misión salvadora en este mundo, y a ser coronada con su triunfo. La Legión manifestará a María al mundo, y María derramará sobre el mundo, y lo abrasará en el fuego de su amor.

“Vivid gozosos con María; sufrid con Ella todas vuestras pruebas; con Ella trabajad, orad, recreaos y tomad vuestro descanso. En compañía de María buscad a Jesús; llevadle en brazos; y con Jesús y María fijad vuestra morada en Nazaret. Id con María a Jerusalem; quedaos bajo la cruz; sepultaos con Jesús. Con Jesús y María resucitad y subid al cielo. Con Jesús y María vivid y morid” (Tomás de Kempis, Sermón a los novicios).


2. LA IMITACIÓN DE LA HUMILDAD DE MARÍA
ES LA RAÍZ Y EL INSTRUMENTO DE TODA
ACCIÓN LEGIONARIA


La Legión se dirige a sus miembros hablando en términos de combate. Y con razón, porque ella es el instrumento activo visible de Aquella que es temible como un ejército en orden de batalla, y que se esfuerza denodadamente por el alma de cada hombre; y también, porque el ideal militar crea en los hombres, además del entusiasmo de todo ideal, unas insospechadas energías. Los legionarios de María, al sentirse sus soldados, se verán impulsados a trabajar con una exigencia disciplinada, y sin perder de vista que sus acciones bélicas son ajenas a este mundo, y que, por lo tanto, han de conducirse, no según la táctica militar de este mundo, sino del cielo.
El fuego que llamea en el corazón del verdadero legionario prende sólo cuando encuentra unas cualidades que el mundo desconoce y tiene como vil escoria; en particular, la humildad: esa virtud tan poco comprendida y tan menospreciada, cuando es en sí nobilísima y vigorosa, y confiere singular nobleza y mérito a quienes la buscan y se abrazan a ella.
La humildad desempeña un papel único en la vida de la Legión. Primero como instrumento esencial del apostolado legionario: el principal medio de que se vale la Legión para su obra es el contacto personal, y no le será posible ni realizar ni perfeccionar este contacto sino mediante socios dotados de modales henchidos de dulzura y sencillez, que sólo pueden brotar de un corazón sinceramente humilde. En segundo lugar, la humildad es para la Legión más que mero instrumento de su apostolado: es loa cuna misma de este apostolado. Sin humildad no puede haber acción legionaria eficaz.
Según Santo Tomás de Aquino, Cristo nos recomendó por encima de todo la humildad, y por esta razón: porque con ella se anula el principal impedimento para nuestra santificación. Todas las demás virtudes derivan de ella su valor. Sólo a ella le concede Dios sus dones, y los retira en cuanto ella desaparece. De la humildad brota la fuente de todas las gracias: la Encarnación. En su Magnificat dice María que Dios hizo en Ella alarde del poder de su Brazo, es decir: usó con Ella toda su omnipotencia. Y da la razón: su humildad. Ésta fue la que atrajo la mirada de Dios sobre María, y la que le hizo descender a la tierra para acabar con el mundo viejo e inaugurar otro nuevo.
Más ¿Cómo pudo ser María dechado perfectísimo de humildad, si estaba enloquecida y Ella era consciente- de un cúmulo de perfecciones del todo inconmensurables, rayano en lo infinito? Cierto. Pero era humildísima porque, al mismo tiempo, se veía también redimida, y más enteramente que todos los demás hijos de Adán; y jamás perdía de vista que sólo debido a los méritos de su Hijo estaba Ella adornada de tantas gracias y dones. Su inteligencia sin igual iluminada por la luz de lo alto- percibía con claridad meridiana que, habiendo recibido de Dios más que nadie, más que nadie era deudora a la divina generosidad, y una actitud fina y exquisita de agradecimiento y de humildad brotaba en Ella de modo espontáneo y permanente.
De María, pues, aprenderá el legionario que la esencia de la verdadera humildad consiste en ver y reconocer, con toda sencillez, lo que realmente es uno delante de Dios; en entender que uno, por sí mismo, no tiene como propio suyo más que el pecado, y que todo lo demás es don gratuito de Dios, el cual puede aumentar, disminuir o retirar los dones con la misma libertad con que los otorgó. La convicción de nuestra absoluta dependencia de Dios se evidenciará en una predilección marcada por los oficios humildes y poco buscados, en una disposición de ánimo pronta a sufrir el menosprecio y las contrariedades; en resumidas cuentas: adoptaremos hacia cualquier manifestación de la voluntad divina una actitud que refleje la de María, y que Ella misma expresó en estos términos: He aquí la esclava del Señor (Lc 1,38).
La unión del legionario con su celestial Reina es imprescindible; más, para realizar esta unión, no basta desearla, se precisa también capacitarse para ella. Ya puede uno, con la mejor voluntad, ofrecerse a sentar plaza para salir buen soldado, que, si no reúne las cualidades requeridas para ser de él una pieza bien ajustada de la máquina militar, su sujeción al mando resultará ineficaz: no hará más que estorbar la ejecución de plan de campaña. Dígase lo mismo respecto del legionario. Ya puede estar encendido en deseos de escalar un puesto eminente en el ejército de su Reina; no basta: tiene que mostrarse capaz de recibir lo que tan ardientemente anhela María darle. Ahora bien, ¿de dónde vendrá su incapacidad? En el caso de un soldado de la tierra, provendrá de la falta de valor, de inteligencia, de salud física, etc.; en un legionario de María esa incapacidad vendría de la falta de humildad. Sin humildad es de todo punto imposible conseguir los dos fines de la Legión: la santificación personal de sus miembros y la irradiación de la santidad en el mundo. Y sin humildad no puede haber santidad; ni puede haber apostolado legionario, porque le faltaría su alma; la unión con María. Es que la unión lleva consigo alguna semejanza; mas sin humildad- la virtud característica de María- no puede haber semejanza con Ella y, por lo tanto, tampoco unión. La unión con María es la condición indispensable de toda acción legionaria: su fundamento, su raíz, y como el terreno donde germina; si falta ese terreno de la humildad, es hasta inconcebible pensar que pueda darse y fructificar esa unión. La vida del legionario se irá secando como una pobre planta.
El corazón de cada legionario es el primer campo de batalla donde moviliza la Legión sus fuerzas. Cada socio tiene que luchar consigo mismo primero, y derrocar el espíritu de orgullo y amor propio que se alza en su corazón. Y, ¡cómo cansa la lucha contra la raíz de todos los males dentro de nosotros mismos! ¡Qué agotador, este continuo esfuerzo para tener en todo pureza de intención! Es una pelea de toda nuestra vida. Y los que fracasan son aquellos que se fían de sus propias fuerzas, porque se convierten en enemigos de sí mismos. ¿De qué le vale a uno una fuerte musculatura si se está hundiendo en arena movediza? Lo que necesita es alguien que le tienda su mano vigorosa.
Legionario: esa mano fuerte te la tiende María, no te fallará, porque está firmísimamente arraigada en la humildad, que para ti es vital. Si eres fiel en practicar el espíritu de absoluta dependencia de María, irás por un camino ancho y recto, un camino real que lleva a la humildad, a esa humildad que San Luis María de Montfort llama “el secreto de la gracia, tan poco conocido, pero capaz de vaciarnos de nosotros mismos pronta y fácilmente, llenarnos de Dios y hacernos perfectos”.
Veamos cómo es esto. El legionario, para volver los ojos a María, necesariamente tiene que apartarlos de sí mismo; María toma por su cuenta ese cambio y le da un valor nuevo más alto: lo transforma en muerte del yo pecador, condición dura, pero necesaria, de la vida cristiana (Jn 12,24-25). El talón de la Virgen humilde quebranta la serpiente del mal en sus múltiples cabezas:
a) La vana exaltación. Si a María, tan rica en perfecciones hasta el punto de ser llamada por la Iglesia Espejo de justicia- y dotada de tan ilimitado poder en el reino de la gracia, la vemos postrada de rodillas como simple esclava del Señor, ésta y no otra, deberá ser la actitud de su legionario;
b) el buscarse a sí mismo. Habiéndose entregado a sí mismo en todos sus bienes espirituales y temporales- en manos de María para que de todo disponga Ella, el legionario deberá continuar sirviéndola con el mismo espíritu de generosidad;
c) la propia suficiencia. El hábito de confiar en María produce inevitablemente la desconfianza en las propias fuerzas;
d) la presunción. La conciencia de colaborar con María lleva consigo la persuasión de la propia insuficiencia: pues, ¿qué ha aportado el legionario, sino su miseria y debilidad?
e) El amor propio. ¿Dónde hallará el legionario en sí mismo cosa digna de aprecio? ¿Cómo distraer sus ojos con la vista de su propio valer, si está totalmente absorto en el amor y contemplación de su excelsa Reina?
f) La propia satisfacción. En este santo compromiso, lo superior acaba por predominar sobre lo inferior. Además, el legionario ha tomado a María como modelo, y aspira a imitar su perfectísima pureza de intención;
g) el buscar los propios intereses. Desde que uno se apropia de los criterios de María, uno busca sólo a Dios, ya no caben proyectos de vanidad ni intereses de recompensa;
h) la propia voluntad. Sometido en todo a María, el legionario desconfía de sus impulsos naturales, y presta oído atento a las secretas inspiraciones de la gracia.
En el legionario realmente olvidado de sí mismo ya no habrá obstáculos a las maternales influencias de maría; y, así, Ella hará brotar en él nuevas energías y espíritu de sacrificio y hará de él un buen soldado de Cristo (2 Tim 2, 3), bien equipado para el duro servicio que en su profesión le espera.

“Dios se deleita en obrar sobre la nada; sobre los abismos de la nada levanta Él las creaciones de su poder. Debemos estar llenos de celo por la gloria de Dios, y, al mismo tiempo, convencidos de nuestra incapacidad para promoverla. Hundámonos en el abismo de nuestra nada y cobijémonos a la sombra abismal de nuestra bajeza; y esperemos tranquilos hasta que el Todopoderoso tenga a bien tomar nuestros esfuerzos como instrumento de su gloria. Si lo hace, será por medios muy distintos a los que hubiéramos imaginado naturalmente. ¿Quién contribuyó jamás, después de Jesucristo, a la gloria de Dios tanto y de modo tan sublime como María? Y, sin embargo, todos sus pensamientos los encausaba Ella con deliberación plena a su propio aniquilamiento. Su humildad parecía poner trabas a los designios de Dios sobre Ella; pero no, todo lo contrario: fue esa humildad, precisamente la que facilitó la ejecución de sus designios de misericordia” (Grau, El interior de Jesús y María).


3. UNA AUTENTICA DEVOCIÓN A MARÍA OBLIGA AL APOSTOLADO

En otra parte de este manual hemos subrayado que, cuando se trata de Cristo, no podemos estar escogiendo de Él solo lo que nos agrade: no podemos aceptar al Cristo de la gloria sin aceptar también en nuestras vidas al Cristo del dolor y de la persecución; porque hay un solo Cristo, que no puede ser dividido. Tenemos que tomarlo tal como es. Si vamos a Él en busca de paz y felicidad, puede ser que nos encontremos clavados en la cruz. Los polos opuestos están unidos y no pueden ser separados: no hay palma sin pena, no hay corona sin espinas, no hay mieles sin hieles, no hay gloria sin cruz. Buscamos lo uno, y nos encontramos también con lo otro.
Y la misma ley se aplica a nuestra Señora. Tampoco podemos dividirla y escoger la parte que nos halague. No podemos participar en sus alegrías sin que nuestros corazones se sientan al poco tiempo traspasados por sus dolores.
Si queremos llevarla con nosotros, como San Juan, el discípulo amado (Jn 19,27), ha de ser toda entera. Si queremos quedarnos con un aspecto de su ser, es fácil que se nos escape totalmente. Luego nuestra devoción a María tiene que mirar todas las caras de su personalidad y misión, y tratar de reproducirlas; y no debe preocuparnos especialmente lo que no es lo más importante. Por ejemplo, es muy hermoso y útil mirarla como nuestro dulcísimo modelo, cuyas virtudes hemos de copiar; pero esto, y nada más, sería una devoción parcial, y hasta mezquina. Tampoco basta rezarle, por muchas oraciones que pronunciemos, ni conocer y agradecer gozosamente los innumerables y maravillosos modos con que las Tres Divinas Personas la han adornado, edificando sobre Ella su Proyecto, haciéndola fiel reflejo de sus propios atributos divinos. Tenemos que tributar a María todos estos homenajes, porque los merece; pero todo eso no es sino una parte del todo. Nuestra unión con Ella, es lo único que hará a nuestra devoción lo que debe ser. Y esta unión significa necesariamente comunión de vida con Ella. Y la vida de Ella no consiste principalmente en ser objeto de nuestra admiración, sino en comunicarnos la gracia.
Toda su vida y todo su destino es la Maternidad, primero de Cristo y luego de los hombres. Ése es el fin para el que la Santísima Trinidad, después de una deliberación eterna, la preparó y la creó; así lo afirma San Agustín. En el día de la Anunciación, comenzó Ella su maravillosa misión, y desde entonces ha sido la madre hacendosa, atenta a las tareas de su casa. Por algún tiempo, esas tareas se limitaron a Nazaret, pero pronto la casita se convirtió en el universo mundo, y su hijo abarca a toda la humanidad. Y así ha seguido; sus labores domésticas continúan a través de los siglos, y nada se puede hacer en este Nazaret ampliado sin contar con Ella. Cuanto hagamos nosotros por el Cuerpo místico de Cristo no es más que un complemento de sus cuidados; el apóstol se suma a las actividades de la Madre. Y, en este sentido, la santísima Virgen podría declarar: Yo soy el apostolado, casi del mismo modo que dijo: Yo soy la Inmaculada Concepción.
Esta maternidad espiritual es su función esencial y su misma vida: si no participamos en ella, no tenemos con María verdadera unión. Por lo tanto, asentemos el principio una vez más: la verdadera devoción a María implica necesariamente el servicio de los hombres. María sin la Maternidad y el cristiano sin el apostolado son ideas análogas: ambas son incompletas, irreales, insustanciales y contrarias al Plan de Dios.
Por consiguiente, la Legión no descansa como algunos suponen- sobre dos principios: María y el apostolado; si no sobre María como principio único que abarca el apostolado y, bien entendida, toda la vida cristiana.
Los sueños, sueños son: igualmente iluso puede ser un ofrecimiento meramente verbal de nuestros servicios a María. No hay que pensar que los compromisos del apostolado bajarán del cielo como lenguas de fuego sobre aquellos que se contentan con esperar pasivamente hasta que eso suceda; es de temer que los ociosos seguirán en su ociosidad. La única manera eficaz de querer ser apóstoles es emprender el apostolado. Una vez dado el paso, viene luego María a tomar nuestra actividad, y la incorpora a su Maternidad.
Es más: María no puede pasar sin esta ayuda. ¿No decimos un disparate? ¿Cómo puede ser que la Virgen Poderosa dependa de la ayuda de personas tan débiles como nosotros? Pues así es. La divina Providencia ha querido contar con nuestra cooperación humana, para que el hombre se salve por el hombre. Es verdad que María dispone de un tesoro de gracias sobreabundante; pero, sin nuestra ayuda, no puede distribuirlas. Si su poder obedeciera solamente a su corazón, el mundo se convertiría en un abrir y cerrar de ojos; pero tiene que esperar a disponer de elementos humanos: María no puede ejercer su Maternidad, y las almas pasan hambre y mueren. Por eso acepta con ansia a cuantos se ponen a su disposición, y se sirve de todos y de cada uno de ellos, y no sólo de los santos y sanos, sino también de los débiles y enfermos. Hay tanta necesidad de todos, que nadie será rechazado. Y, si hasta los más débiles sirven para ser instrumentos del poder de María, de los mejores se servirá Ella para hacer ostentación de su soberanía. El mismo sol, que lucha por penetrar un cristal sucio, embiste con su fulgor un cristal sin mancha.
“¿No son Jesús y María el nuevo Adán y la nueva Eva, a quienes el árbol de la cruz unió en la congoja y el amor, para reparar la falta cometida en el Edén
por nuestros primeros padres? Jesús es la fuente- y María el canal- de las gracias que nos hacen renacer espiritualmente y nos ayudan a reconquistar nuestra patria celestial.
Juntamente con el Señor, bendigamos a Aquella a quien Él ha levantado para que sea la Madre de Misericordia, nuestra Reina, nuestra Madre amantísima, Mediadora de sus gracias, dispensadora de sus tesoros. El Hijo de Dios hace a su Madre radiante con la gloria, la majestad y el poder de su propia realeza. Por haber sido Ella unida al Rey de los mártires en su condición de Madre suya, y constituida su colaboradora en la obra estupenda de la Redención de la raza humana, permanece asociada a Él para siempre, revestida de un poder prácticamente ilimitado en la distribución de las gracias que fluyen de la Redención. Su imperio es tan vasto como el de su Hijo, tanto que nada escapa a su dominio” (Pío XII, Discursos del 21 de abril de 1940 y del 13 de mayo de 1945).

4. ESFUERZO INTENSO EN EL SERVICIO DE MARÍA

No es ilícito cubrir, con la apariencia de un espíritu dependiente de María, faltas de energía y método. Ha de ser todo lo contrario: tratando como tratamos aquí- de trabajar con María y por María tan mancomunadamente, es menester que le ofrezcamos a Ella lo más que podamos y lo mejor; es preciso que trabajemos con tesón, con habilidad y con delicadeza. Acentuamos esto porque a veces, al advertir a ciertos praesidia y socios de que no parecían esforzarse bastante en cumplir los deberes ordinarios de la Legión o la obligación de extenderla y reclutar miembros, nos han salido con la excusa siguiente: “Yo desconfío de mis propias fuerzas, y, así, lo dejo todo a la Virgen, para que Ella obre a su gusto”. Y no pocas veces se oye esto en los labios de personas sinceras, que quisieran atribuir su indolencia a alguna forma de virtud, como si energía y método fuesen señal de poca fe. También puede haber el peligro de conducirse en esto con un criterio meramente humano: si uno es instrumento al servicio de un inmenso poder, poco importa el esfuerzo personal propio: ¿por qué matarse un pobrecito para poner en la bolsa común unas monedas, si está en sociedad con un millonario?
Aquí hay que subrayar el principio que debe regir la actitud del legionario respecto de su trabajo. Es éste: los legionarios no son, en manera alguna, simples instrumentos de la acción de María, son sus verdaderos colaboradores, que trabajan con Ella para la redención y el enriquecimiento de los hombres. Y, en esta colaboración, cada uno suple lo que le falta al otro: el legionario aporta su actividad y sus facultades humanas es decir, todo su ser-; María contribuye con cuanto Ella es, limpiamente, con todo su poder. Ambos han de colaborar sin reserva: si el legionario es fiel al espíritu de este contrato, maría nunca fallará. Luego la suerte de la empresa está en manos del legionario: depende de si contribuye o no con todas las dotes de su inteligencia y con todo el esfuerzo de su voluntad, elevados a su máximo rendimiento mediante el método riguroso y la perseverancia.
Aunque el legionario supiera de antemano que María iba a conseguir el efecto deseado independientemente de su esfuerzo, no por eso queda él dispensado de entregarse totalmente a la obra, como si todo dependiese sólo de sus propias fuerzas. El legionario ha de poner en María la más ilimitada confianza, pero, al mismo tiempo, ha de desplegar en cada momento el máximo esfuerzo, colocando su colaboración personal al mismo nivel de su confianza en María. Este principio de relación entre la fe sin límites y el esfuerzo intenso y metódico lo han expresado los santos en estos otros términos: es menester orar, como si de la oración dependiera todo y de los propios esfuerzos absolutamente nada; y luego, hay que poner manos a la obra como si tuviéramos que hacerlo todo nosotros solos.
Aquí no cabe medir el esfuerzo por la dificultad aparente de la empresa, según el juicio de cada cual; ni echar cuentas de esta manera: ¿qué es lo mínimo que tengo que dar para conseguir mi objetivo? Aún en los negocios temporales, este espíritu de regateo lleva fatalmente al fracaso; en los negocios sobrenaturales, el fracaso será igualmente fatal, y más pernicioso, porque ese espíritu mezquino no tendría ningún derecho a la gracia, de la que depende el feliz resultado. Además, no hay que fiarse de criterios humanos: muchas veces lo imposible, con un poco de empeño, se hace posible; y al revés: muchas veces no se llega a recoger la fruta que cuelga al alcance de la mano por no extender ésta, y luego viene otro y se la lleva. Quien vive haciendo cálculos en el orden espiritual, descenderá a planos cada vez más mezquinos, y, al fin, se encontrará con las manos vacías. El único camino recto y seguro es del esfuerzo total: la entrega del legionario, con toda su alma, a cada obra, grande o pequeña. Tal vez no haya necesidad de tanta energía para esa tarea determinada; es probable que baste un último detalle para dejar la obra perfecta; y, si no hubiera más miras que la perfección humana de esa obra, ciertamente no se exigiría más que ese ligero retoque requerido para terminarla; no sería menester como dice Byron- levantar la maza de Hércules para aplastar una mariposa o para romperle los sesos a un mosquito. Pero no es así, cuando se trata de una obra legionaria.
No lo olviden nunca los legionarios: no trabajan directamente por conseguir buenos resultados; trabajan por María, y no importa si la tarea cuesta o no cuesta. El legionario debe darse de lleno a toda obra que se le encargue, consagrándole lo mejor que tiene, sea mucho o poco. Sólo así se merece que venga María a cooperar plenamente, y que haga- si fuere preciso- verdaderos milagros. Si uno no puede dar de sí más que poco, pero ese poco lo da de todo corazón, seguro que acudirá María con todo su poder de Reina, y cambiará ese débil esfuerzo en fuerzas de gigante. Y si, de hacer cuanto estaba a su alcance, todavía queda el legionario a mil leguas de la meta deseada, María salvará esa distancia, y dará al trabajo de ambos felicísimo remate.
Aunque se diera el legionario a una obra con intensidad diez veces mayor de la que es menester para dejarla perfecta, no se desperdiciaría ni una tilde de su trabajo. Pues, ¿acaso no trabaja sólo por María, y por llevar a cabo los planes y designios de su Reina? Ese superávit lo recibirá María con júbilo, lo multiplicará increíblemente, abastecerá con él las apremiantes necesidades de la casa del Señor. Nada se pierde de cuanto se confía en manos de la hacendosa Madre de familia de Nazaret.
Pero si, por el contrario, el legionario no contribuye por su parte sino tacañamente, quedándose corto en responder a las exigencias razonables de su Reina, entonces María se ve con las manos atadas para dar la medida de su corazón. El legionario, con su negligencia, anula el contrato de comunidad de bienes con María, que tantos tesoros encierra. ¡Qué pérdida para él y para las almas, quedarse abandonado así a los propios recursos!
No venga, pues, el legionario con excusas para su falta de esfuerzo y método, alegando que lo deja todo en manos de María. Una confianza de esta clase con la que se niega a poner la cooperación que se le pide- viene a ser realmente una conducta cobarde e ignominiosa. ¿Serviría así un caballero a su hermosa dama?
Como si nada hubiéramos dicho hasta ahora, establezcamos este principio fundamental de nuestra alianza legionaria con María: el legionario tiene que contribuir con todo lo que tenga; a María no le corresponde suplir lo que el legionario no quiere dar. No haría Ella bien en relevarle en los esfuerzos, el método, la paciencia y la reflexión con que debe contribuir a la economía divina.
María desea dar a manos llenas; pero no puede hacerlo sino mediante el alma generosa. Llevada de las más vivas ansias de que sus hijos legionarios vayan a Ella y se aprovechen de la inmensidad de sus tesoros, les suplica con ternura usando palabras de su divino Hijo- que le sirvan con todo su corazón, y con toda su alma, y con toda su mente, y con todas sus fuerzas (Mc 12,30).
Únicamente debe el legionario acudir a María para que le ayude en su esfuerzo propio, lo purifique, lo perfeccione, y sobrenaturalice lo que tenga de puramente humano, y ponga lo imposible al alcance de la humana flaqueza. Cosas todas muy grandes, que, en ocasiones, vendrían a ser el cumplimiento perfecto de las palabras de la Sagrada Escritura: las montañas serán arrancadas de cuajo y arrojadas al mar, se allanarán los montes y cerros, se enderezarán las sendas para llevar al Reino de Dios (cf. Mc 11,23).

“Todos somos siervos inútiles, pero servimos a un Maestro que es muy buen administrador, que no deja que se pierda nada: ni una gota de sudor de nuestra frente; como no deja que se pierda ni una gota de su celestial rocío. Yo no sé cual será la suerte de este libro que escribo, ni si lo he de acabar, ni siquiera sé si he de terminar la página por donde ahora corre mi pluma. Pero sé lo bastante para dedicar a mi tarea todo lo que me quede de fuerzas y de vida, sea mucho o poco” (Federico Ozanam).

5. Los legionarios deberán emprender la práctica de la
“Verdadera devoción a María”, de San Luis María de
Montfort.

Sería de desear que los legionarios perfeccionasen su devoción a la Madre de Dios, dándole el carácter distintivo q